"Ella entró como de ninguna parte. Elegante como un barco viejo..." Dice el gran Ivan Noble en Luces de Bar, una de mis canciones preferidas. Deseo poner en discusión la dualidad nuevo - viejo. Mal entendida, a mi forma de ver, como buena la primera e inutil la segunda.
En primer lugar: somos viejos por definición. Es decir, sin nuestras vivencias, nuestra experiencia y sabiduría, no sería posible ni siquiera interpretar de que hablamos. Seríamos lo que se dice seres vacíos. De manera que el tiempo pasado deja algo, y el no haberlo vivido, es ausencia de ese resultado. No quiero significar que sea mala la juventud. Pero símplemente es diferente. Hoy en día, se sobrevalora ésta y se menosprecia la vejes. Lo cierto es que de esta forma nos vamos a perder la riqueza de los que más saben - tal vez, sobre lo más importante. Sobre la vida.
Lo mismo que con las personas, pasa con las producciones de éstas, con lo cultural. Desvalorar lo hecho anteriormente nos hace correr el riesgo de quedar vacíos de nuevo.
Pasa con la literatura (supongo, de mi corta experiencia, ya que no soy ningún conocedor). Ojalá surja un nuevo Borges, pero el primero ya murió. El mismo Sábato lo sugiere: para elegir un libro dejemos que el tiempo decante.
La música. Con el respeto de buscar tener un espíritu crítico ¿Hay producción musical actual que merezca respeto? Yo prefiero Tango, Blues y Rock, a Reggeton (?), Cumbia y "Electro" (tal vez esto sea algo generacional, pero ni siquiera mis preferencias son de mi generación; son anteriores).
Creo que la cultura del úselo y tírelo, generada por el ya viejo Capitalismo, nos dejó en una posición en la que no podemos ver que es lo que hay detrás de la máscara. Lo importante es eso: lo que se ve a simple vista. La producción, también por definición infinita, de objetos nuevos, llena el mundo de basura. Aún de basura que todavía no se considera tal. Está a la vista, el niño dispone para sí instrumentos ni siquiera soñados, no 50 años, sino 5 años antes. Pero no puede valorarlo, necesita cambiarlo casi antes de tenerlo.
Como todo, estimo que se trata nada más de una cuestión de equilibrio. Creo que en este mundo no hay bueno y malo, hay matices. Pero hoy día pintamos solo claro-oscuros...
Sugiero una película argentina para encarar el tema (y tal vez, es contradictoria con mi postura): Yepeto. Ulises Dumont para el viejo, Nicolás Cabré para el joven. Muy recomendable, aunque la vi hace tiempo.



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